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RECECHO DE VENAO DURANTE LA BERREA EN ESPAÑA

By 26 de septiembre de 2022junio 19th, 2024Ciervo rojo, Experiencias de caza

Después de unos días recechando los venaos en la montaña leonesa, teníamos que terminar la berrea en Gredos, con un permiso de rececho de venao trofeo.

Durante el inicio de la berrea, en aquella zona teníamos localizado un ciervo que como trofeo cumplía con lo que estábamos buscando, pero todavía era joven y tenía futuro.
Cuando el celo comenzaba a estar en el mejor momento, vimos que aquel venao había cambiado de zona, moviéndose a la falda de la montaña, y que en la cuerda que ocupaba antes, ahora berreaba otro venao que no éramos capaces de ver.

El primer día del permiso y después de haber intentado sin éxito entrar a otro venao que teníamos visto, decidimos asomarnos a echar un ojo a la cuerda a ver si tuvieramos suerte de ver al venao que ahora rondaba por allí.
Nada más cambiarnos de zona tuvimos la suerte de ver al venao, aunque estaba bastante lejos todavía, unos 900 metros, y en una zona bastante inaccesible, por lo que pudimos ver por el telescopio, decidimos que merecía la pena intentarlo.
Comenzamos la entrada por una vereda que nos dejaba a mitad de altura, pero siendo ya medio día, confiamos en que el venao bajara a lo más espeso buscando el encame.
Tras una hora de subida, nos lo encontramos echado en la zona más espesa, tal y como habíamos supuesto.
Sólo nos quedaba recortar 50 metros hasta una piedra que nos servía de apoyo y esperar a que se levantara.
Cuando el cazador ya estaba preparado, berrée al venao con la intención de que se levantara, y así lo hizo. El cazador lo tiró algo precipitado partiendole una mano, echando el venao a correr por los mismos pasos que había traido al lugar del lance.

Tras esperar un rato para dejar que el venao se enfriara, llevamos a Brezo a la zona de tiro y en pocos segundos llevaba el rastro muy decidido.
El venao iba dejando sangre a la altura de la mano cuando se rozaba con los piornos, lo que nos permitía confirmar de vez en cuando que Brezo lo llevaba bien.

Cuando llevábamos dos kilómetros de rastreo Brezo empezó a mostrar indicios de que el venao estaba muy cerca, así que le llamé para que viniera a nuestro lado suponiendo que lo íbamos a levantar y así fue.
El venao empezó la huida arroyo abajo, parándose unos segundos que no fueron suficientes para que el cazador lo pudiera rematar, así que dejé a Brezo que lo siguiera, confiando en que fuera capaz de pararlo.
Tras de unos segundos latiendo mientras seguía al venao, ya sin verlos, por fin empezaron los ladridos a parado.
Me adelanté lo más rápido posible para confirmarlo y esperé a que llegara el cazador para que lo rematara.
Cuando llegó, volví a llamar a Brezo para que el cazador pudiera tirar al venao, y tras el disparo de remate nos acercamos.
Una vez con el animal en las manos, nos dimos cuenta de que tenía el cuerpo lleno de heridas de haberse peleado con otro venao. Tras sacarle la carne y cuando nos dispusimos a cortar la cabeza vimos que tenía una contra clavada en el cráneo. Como pude comprobar al día siguiente, la contra era del venao que a principios de berrea dominaba aquel lugar, confirmando como habíamos intuido, que había sido este ciervo el que lo había echado de allí.

Qué mejor manera de acabar la berrea que con un rececho en Gredos, cobrando un venao viejo, con historia detrás y con un lance muy completo que nunca se nos olvidará a ninguno.

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